No es bueno que el busto esté solo, dijeron los santones de la Tamborrada (cariñoso apelativo a quienes llevaban las riendas de la fiesta), démosle un compañero, y qué mejor compañía que la del tamborrero que por los tiempos de los tiempos interpretaría las clásicas marchas de Sarriegui.
La primera parte de la historia comenzó el año 1964 cuando el 20 de enero por la mañana se celebraba el Gran Premio San Sebastián de Ciclo Cross, en el Ayuntamiento se hacía entrega de la Medalla de Oro del Centenario (1813-1963) al alcalde Nicolás Lasarte y por las calles desfilaba la Tamborrada infantil teniendo como general a Francisco Franco Martínez Bordiú.
No es bueno que el busto esté solo, dijeron los santones de la Tamborrada (cariñoso apelativo a quienes llevaban las riendas de la fiesta), démosle un compañero, y qué mejor compañía que la del tamborrero que por los tiempos de los tiempos interpretaría las clásicas marchas de Sarriegui.
La primera parte de la historia comenzó el año 1964 cuando el 20 de enero por la mañana se celebraba el Gran Premio San Sebastián de Ciclo Cross, en el Ayuntamiento se hacía entrega de la Medalla de Oro del Centenario (1813-1963) al alcalde Nicolás Lasarte y por las calles desfilaba la Tamborrada infantil teniendo como general a Francisco Franco. Martínez Bordiú.
Apoyando la iniciativa surgida en el seno de Eiztari Etxea, el resto de las Sociedades Populares decidieron aportar cinco pesetas cada una para realizar un busto dedicado al maestro Sarriegui, obra de José Lopetegui, y al abrir sus puertas tras la cena del 19 se instalaron mesas para recibir aportaciones voluntarias que permitieran sufragar los gastos del monumento.
A su paso por el Boulevard, la infantil, que llevaba como Reina de San Sebastián a María Pilar Tellería, entró en la Parte Vieja para proceder a la inauguración del busto con asistencia y discursos de las primeras autoridades municipales, terminando con la ‘Marcha de San Sebastián’ interpretada por la propia Tamborrada y por la Banda Ciudad de San Sebastián, dirigidos todos por el maestro Francisco Escudero.
La segunda parte de la historia se produjo ocho años más tarde (1872) cuando la Unión Artesana, por decisión puesta sobre la mesa durante la celebración de su primer centenario (1870-1970), seguida por las demás Sociedades Populares, decidió encargar, también a José Lopetegui, un monumento dedicado al tamborrero.
Todo estaba previsto para el 20 de enero pero la lluvia impidió celebrar la Tamborrada infantil que tuvo que ser aplazada hasta tal día como el de mañana, entonces domingo, día 23.
Y fue dicho 23 de enero de 1972 cuando se procedió a la inauguración del monumento, acto presidido por el expresidente de la Artesana, Bonifacio Castro, quien, en nombre de cuantos habían colaborado, hizo entrega a la ciudad de «este magnífico conjunto».
Los tambores mayores de todas las compañías infantiles y una representación de las mismas -la Tamborrada ya había crecido suficiente como para que no pudiera entrar en la plaza- tocaron la ‘Marcha de San Sebastián’, ratificándose desde entonces la costumbre ya iniciada en 1964 de que todas las tamborradas de la Parte Vieja, y algunas del centro, incorporen en su recorrido una parada en este lugar donde principalmente se interpreta la clásica Marcha.
Al acto también acudieron Francisco Pérez Villacastín, General de la Tamborrada, y Macarena Pérez Olarra, acompañada de sus Damas de Honor. Macarena fue la primera, en esta etapa, en ostentar el título de Bella Easo, debido a que hasta el año anterior la distinción era conocida como Reina de San Sebastián.
Con la remodelación de todo el lugar, el monumento fue desplazado al otro extremo de la plaza.

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